La violencia seduce a los turistas
Desde hace diez años Rio de Janeiro ofrece el turismo de favela, una opción que generó mayor curiosidad a partir de las películas ”Ciudad de Dios” de Fernando Meireles y “Tropa Elite” de José Padilla. Pobreza, marginación, violencia y narcotráfico son los condimentos para esta nueva forma de de viajar y conocer.
El proceso de construcción de ese tipo de destino turístico responde a la expansión de los llamados reality tours y al fenómeno de consumo de la imagen de la favela como la representación de la cultura local, con el toque de peligrosidad que lo convierte en atractivo y snob.
La estética de la favela es la estética de lo local, de la tradición, de la samba, del colorido, de gente simpática y alegre dentro de una organización social improvisada que se mezcla en un entorno de violencia debido al tráfico de drogas.
A pesar de que las agencias garantizan la experiencia con total seguridad existe en los interesados en este tipo de tour el deseo de acercarse a esa realidad que muestra la película “Cidade de Deus”, lo que acaba generando otras modalidades que van más allá de un paseo pintoresco. Según un reportaje del periódico “Folha de São Paulo” de mayo de 2008, ahora también se ofrece la visita a la favela con derecho a conversar con traficante. La agencia promete presentar a los turistas a los llamados “soldados” armados, seguridad de traficantes poderosos, volviendo así la aventura mucho más excitante.
Según la antropóloga Bianca Freire-Medeiros , autora de “La Construcción de la Favela Carioca como Destino Turístico”, “Es la experiencia de lo autentico, lo exótico y del riesgo en un único lugar.”, lo que hace atractiva esta opción.
Está constatado que el interés por la favela, según los agentes de turismo, ha crecido considerablemente después del éxito de la película “Cidade de Deus”. Estrenada en 2002, la película es una adaptación del libro de Paulo Lins lanzado en 1997 donde el autor retrata, basándose en hechos reales, el proceso de crecimiento de este conjunto habitacional popular desde los años 60. Pero, a pesar del éxito de la película, “Cidade de Deus” no funciona como destino turístico, pues como dice Buscapé (Alexandre Rodrigues), protagonista de la película, “La Cidade de Deus queda muy lejos de la postal de Rio de Janeiro.” Es decir, el conjunto habitacional que da nombre a la película queda lejos de la zona sur y por tanto no corresponde a la idea de la favela cómo monte con vistas al mar, tampoco ofrece impactos visuales entre ricos y pobres.
De hecho, una de las vistas más hermosas de Rio de Janeiro es la del alto del monte de Rocinha, la mayor de Brasil, una de las más urbanizadas de Rio de Janeiro. Esta es una de las favelas más famosas, se encuentra dominada por el tráfico de drogas y recibe cerca de tres mil quinientos visitantes por mes. La mayoría dejan sus casas y vidas confortables de Europa y Estados Unidos para explorar algo diferente, con el apoyo de siete agencias especializadas con guías.
Hoy ese mercado turístico ha crecido, siendo posible realizar tours de diversos modos: moto, van, minibús, aunque la manera más polémica y más popular son los jeep tour, que muchas veces han sido comparados con los safaris, donde los turistas circulan en jeeps sacando fotos y filmes.
Los turistas ansían el enfrentamiento con algo inusitado, alejado de la estructura globalizada. En tiempos de globalización, dice Medeiros, “lo que es cierto es que la industria del turismo es responsable de crear maneras de transformar, hacer circular y consumir localidades creando una cultura material y una economía de sensaciones que le es específica.” La influencia no sólo del cine, sino también de otros medios vehiculados a la producción cultural contribuye a crear esa imagen.
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miércoles, 24 de noviembre de 2010
viernes, 12 de noviembre de 2010
El Bicentenario nos encontrará con las vías desnudas
A finales de noviembre se lanzará el programa oficial para los festejos del Bicentenario. Una mirada retrospectiva, seguramente, acompañarán todos los eventos que marcarán el calendario festivo.
Fijaremos la vista histórica en la época austera de la independencia y el “encierro” implementado por el Dictador Dr. Francia que llevará al Paraguay a finales del siglo XIX con recursos financieros para dar cabida a los proyectos de desarrollo encarados por el presidente Carlos Antonio López, abriéndose al mundo y a los capitales extranjeros.
Comienzan a llegar europeos y entre ellos los ingleses, que además de intervenir en los diferentes procesos independentistas de nuestros países trajeron su magnífico negocio ferroviario.
Nuestro país fue uno de los primeros de Latinoamérica en instalar las vías ferroviarias y hacer uso de un medio de transporte revolucionario para la época. Algo que hasta hoy enorgullece a los paraguayos, en especial al pasar frente por el monumento colonial de la Estación Central de Asunción.
Pero también este Bicentenario será un tiempo de reflexión y no de simple añoranza y recuerdo. La desaparición del ferrocarril como medio de transporte y carga es una deuda que han tenido las generaciones paraguayas desde que se hicieron cargo de la empresa ferroviaria.
Testigos de la época relatan cómo cambió la gestión empresarial, cómo se robaba, y la mala administración del enorme capital que existía en los depósitos, talleres, almacenes, etc.
Son los mismos ancianos que hasta hoy reflejan el amor a esa institución que les permitió vivir dignamente, no sólo a ellos, sino a todo un pueblo, como el caso de Sapucay. Verdaderos artesanos del hierro, la madera y el agua, forjando una historia truncada por malas administraciones, burocracias corruptas e intereses particulares.
Pero sin ir tan lejos, hoy en pleno Asunción vemos que la misma edificación de la Estación Central está no sólo descuidada sino vendida y alquilada al mejor postor. Recientes publicaciones de un diario de circulación nacional denunció la instalación de una hamburguesería en medio del pasillo central de la estación y el alquiler del edificio de “Encomiendas”, a un extranjero que irónicamente se dedicaría a venta de antigüedades.
Contrastan las realidades, de dolor profundo e indignación de muchas personas, en especial de aquellos que supieron de los beneficios y bonanzas del ferrocarril, contra la apatía y desinterés de las generaciones capitalinas con conciencias envueltas en humo de petróleo, no de madera.
Hoy nuestro ferrocarril es un adorno mal llevado por Fepasa que avergüenza y clama, por lo menos, por la digna conservación del patrimonio histórico.
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